Alexandra Rada; Criticar el peso engorda y… ¿las dietas también?

alexandra05Alexandra Rada nos  informa que Puede ser bienintencionado o un comentario inocente, pero criticar o burlarse del peso de alguien solo provocará que engorde y recurra a dietas que al final pueden hacer más daño que bien, afirman los expertos.

La discriminación contra las personas obesas está en todas partes: en el trabajo, en las relaciones, en los medios de comunicación y en la calle; y persiste, en parte, gracias la creencia de que este tipo de matoneo tiene un propósito admirable: avergonzar a la gente para que pierda peso.

Ahora la ciencia se ha pronunciado al respecto y afirma que las críticas no inspiran a cambiar.

Un estudio de la psicóloga Angelina Sutin hecho en 2006 y nuevamente en 2010 en la Escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Florida (EE. UU.) recolectó el índice de masa corporal (IMC) de más de 6.000 mujeres mayores de 50 años. Las participantes tenían un peso normal, sobrepeso o eran obesas.

Al final de la investigación se descubrió que las personas con sobrepeso que eran discriminadas tenían dos veces más probabilidades de volverse obesas. Asímismo, las participantes que eran obesas al inicio del estudio y sufrían discriminación por su peso tenían tres veces más probabilidades de seguirlo siendo a los cuatro años.

“En vez de motivar a los individuos a perder peso, la discriminación aumenta el riesgo de obesidad”, afirmó Sutin en la revistaPlos One donde se publicó el estudio.

Art Caplan, cabeza de la División de Ética Médica del Centro Médico de Langone de la Universidad de Nueva Cork, le dijo al diarioToday que el estudio evidencia que no hay una solución fácil para nuestros problemas con el peso, mucho menos avergonzar a la gente. “Muchas personas (…) piensan que el camino para controlar el peso es la humillación”, dice Coplan. “El sentido común apunta a que esto es falso. La obesidad sigue siendo un problema complejo, en parte por la mezcla de la elección, la genética, el sedentarismo y la promoción de comidas rápidas ricas en azúcar y calorías”.

La representante de la Asociación Nacional de Trastornos Alimenticios, Claire Mysko, afirma que existe un “complejo industrial de la dieta”. La industria para perder peso recoge 20 mil millones de dólares al año lo que la posiciona como la solución a nuestros dilemas con los kilos de más.

Paradoja

Meneen Roth, autora del libro “Breaking Free from Emotional Eating” (Liberándose del comer emocional, en español), enfatiza una y otra vez que las dietas son parte del problema porque convencen a las personas de que no saben alimentarse y merecen aguantar hambre. Avergüenzan inherentemente y luego llega la fea verdad de que las dietas a menudo resultan en una ganancia de peso.

Así lo demostró una investigación de la Universidad de Melbourne (Australia) según la cual los participantes ganaron peso un año después de comenzar una dieta y reportaron sentir más hambre que antes de comenzarla.

Los autores del estudio afirman que el cerebro de estas personas liberó hormonas que los hizo sentir más hambrientas, su metabolismo se hizo más lento y los alimentos que comían tras la dieta eran más grasosos.

Traci Mann, psicólogo de la univesidad UCLA (EE. UU.), llevó a cabo una investigación en la que encontró que “al principio se pierde del 5 al 10 % del peso con un número variado de dietas, pero el peso regresa. En la mayoría de las personas, las dietas no llevan a una pérdida de peso duradera ni trae beneficios para la salud”.

Marsha Davis, investigadora para la prevención de la obesidad infantil de la Universidad de Georgia, explica que “sabemos (…) que cuando resaltamos un riesgo para la salud, pero fracasamos al momento de brindar acciones que las personas pueden tomar para prevenirlo, la respuesta suele ser la negación u otro comportamiento disfuncional. Tenemos que luchar contra la obesidad, no contra las personas obesas”.

Cuando una persona que come más de lo que necesita se siente mal, debe sincronizarse con qué y cuánto quiere exactamente. Esta es la única forma de reconocer y ajustarse a la cantidad que realmente necesita.

Estudios como el de Sutin podrían acabar con la idea de que a alguien se le puede convencer de bajar de peso con de críticas negativas y, en vez, hacer énfasis en el cambio de los estilos de vida, la importancia del buen dormir, el ejercicio y la hidratación.

 

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