LA IMPORTANCIA DE SABER DECIR NO

Alexandra Rada

Alexandra Rada

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”. Cuatro décadas le costó a García Márquez dejar de decir ‘sí’ a todo, como declaró en su momento.
Hay muchas razones por las que a las personas les cuesta decir no, pero la más común responde al miedo a decepcionar a otros o a ser rechazados, aunque eso suponga realizar tareas o acudir a compromisos que uno evadiría con gusto.  

Para otras, como expone la sicóloga Susan Newman en El libro del no: 250 maneras de decirlo y decirlo en serio, decir sí contantemente se convierte en un hábito, incluso en una adicción difícil de romper.

“Decir no, no te convierte en una persona despreocupada o egoísta. De hecho, la palabra ‘no’ te protege frente a otros, te hace ganarte el respeto de los demás, y te permite decidir para quien quieres estar y para quien no, evitando que los demás controlen tus actos”, comenta Newman.

Como dijo el fallecido Steve Jobs, “hay que decir no a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado”. El ‘no’ es un signo de voluntad de una persona de priorizar lo que es importante de lo que no, por un lado, y de la capacidad de respetarse a sí misma y sus necesidades, por otro. De hecho, del mismo modo que uno tiende a complacer al resto, debería ser benévolo consigo mismo y no saturarse con tareas y compromisos que no son competencia directa de uno.

En muchas ocasiones, parece que decir ‘sí’ evita confrontaciones o ayuda a crear un buen ambiente. Sin embargo, no hay que confundir la predisposición a querer ayudar con la necesidad de buscar aprobación en los demás. Lo primero es un acto de altruismo, lo segundo puede convertirse con el tiempo en servilismo.

Claves para dejar de decir ‘sí’ a todo

1. Cuando uno dice no, en la mayoría de casos, las personas que han recibido esa negativa no están prestando atención a  tus sentimientos tanto como lo estás haciendo tú por los suyos. De hecho, lo más probable es que sus pensamientos estén centrados en deliberar a quién más acudir para pedir ayuda.

2. Antes de prestarte a cualquier tarea hazte algunas preguntas para sopesar las implicaciones como ¿dispongo de tiempo?, ¿qué tengo que sacrificar si hago lo que me piden?, si lo llevo a cabo, ¿es porque me siento presionado o manipulado?, ¿me sentiré mal conmigo mismo si no lo hago o decepcionaré a la persona que me lo está pidiendo? En caso de no tenerlo claro, retrasa la decisión, que esta no sea inmediata ni automática.

3. Crear un contexto positivo cuando, ante una petición, la respuesta sea una negativa. Enmascarar esta con otras palabras que expresen cordialidad, como “me gustaría poder ayudarte…”. Expresa entonces el motivo por el que no puedes decir ‘sí’, con claridad, contundencia y educación, dando las explicaciones que consideres necesarias, pero con brevedad.

4. Tener claro cuáles son las prioridades que hay que anteponer y mantenerse firme cuando lo que nos pidan implique dejar aparcados esos compromisos.

5. Si tras una negativa, la relación con la persona que la ha recibido cambia, evitar el contacto personal con la misma. Hay que rehuir al chantaje emocional que ejercen muchas personas cuando no se las complace.

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